
POR MARIA PÍA MAITI / TORONTO /
El sábado 25 de octubre, el Festival de Cine Latinoamericano de Toronto (LATAFF) dedicó una jornada especial a las voces emergentes del cine latino-canadiense. Con funciones colmadas de público joven —tanto en la audiencia como en los equipos técnicos— y cortometrajes de gran calidad, el festival reafirmó su rol como espacio de representación, formación y comunidad.
La décima edición de LATAFF, celebrado del 16 al 26 de octubre, tuvo uno de sus momentos más significativos el sábado 25, con la presentación especial del cortometraje Dad’s Camera (Canadá), dos funciones consecutivas de cortometrajes latino-canadienses, una sesión de trova en vivo con los músicos cubanos Raúl Torres, Fidel Díaz y Erdwin Vichot, y la proyección del documental Alí Primera (Venezuela). La jornada se desarrolló en Innis Town Hall, en el corazón de la Universidad de Toronto.
El día comenzó con Dad’s Camera, dirigido, escrito y protagonizado por Samantha (Sam) Guevara. El corto, realizado con el apoyo de LATAFF Lab 2025, está inspirado en su experiencia como hija de padres inmigrantes de clase trabajadora, en su paso por la escuela de cine, en los desafíos de la inseguridad laboral en las industrias artísticas y en la ausencia de representación latina en los medios. La historia se centra en la relación entre una estudiante de primera generación que está por graduarse de la escuela de cine y su padre latino inmigrante, quien es a la vez su mayor apoyo, su crítico más exigente y su fuente constante de inspiración.

La proyección tuvo lugar en el mismo teatro donde Guevara estudió cine y filmó la obra, lo que convirtió el evento en un momento profundamente simbólico. Escribió el guión inspirada en su paso por la escuela como la única latina en sus clases, donde la única representación que veía eran los trabajadores de limpieza del campus; luego rodó la película en el mismo edificio donde cursó sus estudios, y finalmente la estrenó en esa misma sala. Todo el proceso —desde la escritura hasta la proyección— fue, en sus palabras, “cerrar un ciclo”, que culminó con la emotiva reacción con aplausos y lágrimas por parte de la audiencia.
Además, Guevara destacó que el proceso creativo le permitió sanar heridas personales y familiares. Su objetivo fue reconciliar esas tensiones y recordar que los hijos de inmigrantes deben agradecer no solo a sus padres, sino también a sí mismos por la fuerza con la que navegan el mundo como primera generación. La joven cineasta remarcó que las historias y el cine latinos importan, y expresó su agradecimiento a LATAFF por crear espacios de visibilización y apreciación del cine latino-canadiense.
Tras esta apertura íntima y conmovedora, la programación continuó con las funciones de 17 producciones, seleccionadas entre más de 40 postulaciones. Los cortometrajes seleccionados fueron: Home, Sick Home, dirigido por Jamlec David; No Country for Old Chanclas, dirigido por Luci Lozano; The Boys in Drag, dirigido por Arturo Bravo; Lina’s Stories: The Prologue, dirigido por Sebastian Mena; Shoot, dirigido por Roger A. Galvez; Deep End, dirigido por Juan Pablo Sáenz; A Place To Hope, dirigido por Daniel Carpio Santa Cruz; Ecos norteños / Echoes of the North, dirigido por Jonathan Castro Miller; 1(888)242-2100, dirigido por Eliana Aleman Reategui; Cocoon, dirigido por Juliet Belisario; The Last Days of Barbara Miller, dirigido por Milleny Marques; Roberto Bustamante, dirigido por Ricardo Peña; San Hen, dirigido por Nico Contreras; Dear Abuelo, dirigido por Valentina Amigo Contreras; Fried Fish & Plantain, dirigido por Paul Daniel Torres; Yaya, dirigido por Sebastian Cerani; y Rootless, dirigido por Leslie Gabriela Ortiz.
Casi todos los cineastas estuvieron presentes y participaron activamente en las sesiones de preguntas y respuestas luego de cada proyección. Compartieron el origen de sus ideas, el papel de su identidad latinoamericana en sus procesos creativos, y los vínculos con sus países de origen. Muchos se formaron en instituciones locales como Humber College y Metropolitan University, y varios cortos fueron filmados en Toronto, que apareció como telón de fondo en muchas producciones.

La calidad de los trabajos evidenció una generación de cineastas en formación con propuestas audaces y sensibles, con fuerza y estilo propio. No se destacó únicamente la dirección; también brillaron la fotografía, la actuación, los guiones, el vestuario, la producción y la música. Cada cortometraje fue el resultado de un trabajo colectivo, donde el compromiso y la creatividad de equipos multidisciplinarios se hicieron evidentes.
Las temáticas fueron profundas y personales, pero también universales. Migración, vínculos intergeneracionales con padres y abuelos latinos, experiencias de refugiados y el idioma como puente, frontera y refugio emocional atravesaron muchas de las narrativas. El inglés y el español convivieron en los diálogos, pero fue el idioma materno el que dio voz a los momentos más íntimos. Aunque nacen de vivencias específicas de la diáspora latinoamericana, estas historias resuenan con fuerza en otras comunidades migrantes que también habitan Canadá. Las escenas en aeropuertos —recibidas y despedidas cargadas de emoción— evocaron una experiencia compartida por quienes transitan este país, sin importar su origen.
En su décima edición, LATAFF reafirmó su compromiso con la juventud cineasta latino-canadiense y se consolidó como un espacio clave de representación, formación y comunidad, donde la creación audiovisual se entrelaza con la identidad, la memoria y el deseo de contar historias que atraviesan fronteras.



