
Por Vilma Filici
filici@filici.com
TORONTO. Históricamente, Canadá siempre ha sido un país que ha recibido inmigrantes de todo el mundo y, durante años, se le ha visto como un lugar seguro y confiable para vivir, estudiar y trabajar. Pero en los últimos tiempos, los cambios en la política migratoria canadiense han sacado a la luz un problema muy importante: cuando se arregla un problema de manera rápida, muchas veces se crean otros problemas.
El sistema de inmigración de Canadá, manejado por Immigration, Refugees and Citizenship Canada (IRCC), está saturado. Millones de personas esperan años para obtener su visa, permiso de estudio o de trabajo, o residencia permanente. De hecho, en estos momentos hay más de un millón de solicitudes esperando ser procesadas, lo cual afecta tanto a personas que quieren venir a trabajar como a estudiantes internacionales. Muchas familias se sienten inseguras y frustradas por la lentitud del sistema, y el problema no es temporal, sino estructural: el sistema no ha podido crecer al ritmo de la demanda internacional.
Para empeorar la situación, el IRCC ha reducido su personal en casi un 20%, lo que significa que hay menos personas procesando visas y permisos justo cuando se espera que Canadá reciba millones de visitantes por la Copa Mundial de la FIFA 2026. Y si no hay suficiente personal, los trámites tardan más.
Los turistas podrían esperar mucho tiempo para obtener su visa y algunas personas podrían cancelar su viaje, lo cual afectará directamente a hoteles, restaurantes, transporte y comercios locales. Con menos visitantes, se perderán ingresos importantes que la economía necesita.
Canadá también ha sido un país muy atractivo para estudiantes internacionales. Muchos jóvenes de todo el mundo vienen a estudiar y a gastar dinero en alojamiento, comida, transporte y entretenimiento.
Durante años, Canadá motivó a los estudiantes del mundo a venir al país a estudiar, trabajar y luego solicitar la residencia. Pero las cosas han cambiado. El gobierno ha reducido significativamente el número de estudiantes internacionales, a quienes se les acusó de agravar la escasez de vivienda, y ahora la posibilidad de obtener la residencia después de haber invertido años y mucho dinero en el país se esfumó.
La llegada de estudiantes internacionales ha disminuido entre un 60% y un 70% en los últimos años. Cambios en los permisos de estudio y nuevas restricciones han hecho que Canadá pierda credibilidad frente a otros países, y los estudiantes ahora buscan destinos más seguros y predecibles, como Alemania, Reino Unido o Estados Unidos.
Esto no solo afecta a las universidades y colegios, sino también a la economía, dado que menos estudiantes significan menos dinero en vivienda, transporte y consumo local. Ya estamos viendo muchos colegios que han cerrado campus y cancelado programas por la falta de estudiantes internacionales.
El gobierno canadiense ha dicho que estas medidas son necesarias porque algunas ciudades están saturadas, hay poca vivienda, los hospitales están llenos y las escuelas tienen cupos limitados. Pero el problema es que reducir el número de inmigrantes o de estudiantes no resuelve los problemas de fondo, solo los retrasa.
Para mejorar realmente la situación, se necesita construir más viviendas y mejorar los servicios antes de permitir la llegada de más personas. También es necesario planificar mejor las ciudades y el transporte público, y asegurar que los estudiantes y trabajadores puedan integrarse sin problemas. Esto implica coordinar los planes del gobierno federal con los de las provincias, porque sin estos pasos, tal y como hemos visto, cada cambio rápido puede causar más problemas de los que resuelve.
Recientemente, el periódico The Globe and Mail publicó un artículo en el que señala que el departamento de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía está tratando de atraer nuevamente a estudiantes de posgrado a Canadá, ya que al tomar las medidas que disminuyeron la llegada de estudiantes internacionales no se anticipó la reacción de la comunidad internacional de redirigir sus planes hacia otros países para continuar sus estudios.
La iniciativa, llevada a cabo a través de una campaña en redes sociales, busca atraer a más investigadores de alto nivel al país e incluye el anuncio de que sus familias también podrían solicitar viajar con ellos.
Hay que tener en cuenta que Canadá será uno de los países anfitriones de la Copa Mundial de la FIFA 2026, junto con Estados Unidos y México, lo que significa que millones de turistas querrán venir al país. Si los trámites migratorios siguen siendo lentos y hay menos personal, muchos visitantes podrían retrasar o cancelar sus viajes, lo cual implicaría que hoteles y restaurantes perderían ingresos y que la ciudad y la economía local en general se verían afectadas.
Perder la oportunidad de recibir a visitantes de todo el mundo en un evento tan importante sería un golpe económico y de reputación muy grande. Además, la imagen de Canadá como país organizado y seguro se vería dañada.
Los cambios en los permisos de estudio y las restricciones a los inmigrantes han hecho que Canadá pierda credibilidad frente a otros países, ya que ahora los estudiantes internacionales y los trabajadores temporales buscan destinos más predecibles. Si Canadá no recupera esa confianza, se perderán matrículas en universidades y colegios y la economía se verá afectada en sectores clave. Además, se perderá talento valioso que podría ayudar a cubrir la falta de trabajadores en algunos sectores.
Todos estos problemas están conectados por la falta de un abordaje holístico de los desafíos. Tener menos turistas y visitantes se traducirá en menos ingresos en hoteles, restaurantes y comercios. Y menos estudiantes internacionales se traducirá en menos ingresos en educación, vivienda y transporte. Asimismo, los procesos lentos causados por la reducción de personal implican retrasos en visas y permisos que afectan a empresas y familias. Si el gobierno no cambia su modus operandi, Canadá podría ver un desequilibrio económico en varias ciudades importantes.
El problema central es que los cambios en inmigración se han hecho de manera aislada, sin un plan completo, buscando resolver rápidamente un problema (como la saturación de servicios) sin pensar en las consecuencias, lo cual ha generado nuevos desafíos. Con esto, la gente está perdiendo confianza en Canadá, la economía está siendo afectada y los grandes eventos, como la Copa Mundial, se verán impactados.
La solución no está en reducir el número de personas que quieren venir al país, sino en planificar de manera integral, mejorando el acceso a la vivienda, a las escuelas y a los hospitales; contratando más personal en inmigración; comunicando claramente las reglas para que los estudiantes y trabajadores confíen en Canadá; y coordinando al gobierno federal con las provincias para distribuir los recursos y servicios de manera justa, como lo indican los objetivos de la ley de inmigración.
Canadá siempre ha sido un país que ha abierto sus puertas al mundo, pero ahora está en una encrucijada. Las soluciones rápidas pueden arreglar un problema temporal, pero si no se piensa de manera integral, se crean problemas más grandes, como retrasos en visas, pérdida de estudiantes internacionales, caída en el turismo y daños a la economía.
Para mantener su reputación y seguir siendo un país atractivo, Canadá necesita un plan claro, realista y coordinado. Y aquí se debe tener bien claro que la inmigración no son solo números: son personas, familias y comunidades que contribuyen a la economía y a la vida del país.
Si Canadá actúa a tiempo y de manera organizada, puede aprovechar su diversidad y talento internacional para crecer, recibir visitantes y estudiantes, y consolidarse nuevamente como un país fuerte y acogedor para todos.



