Salvadoreños en Toronto celebraron el triunfo de la izquierda en El Salvador

OSCAR VIGIL / TORONTO  
Antonio Monroy es un médico de origen salvadoreño que para poder salvar su vida debió abandonar su país en la década de 1980. Eran los tiempos en que El Salvador atravesaba por una cruenta guerra civil, durante la cual exigir democracia, justicia social o simplemente elecciones libres era ser comunista, y a los comunistas los perseguían y los asesinaban los Escuadrones de la Muerte de la derecha.
Monroy llegó a Canadá como refugiado político y se incorporó a la sociedad lo más pronto que pudo, pero eso sí, sin olvidar sus raíces y los problemas de su querido país. Es así que se involucró de inmediato en actividades de solidaridad con El Salvador, y comenzó a dar un seguimiento muy cercano a todo lo que sucedía en el país centroamericano, desde la guerra hasta la negociación, y luego los nuevos procesos políticos de postguerra.

Pero el médico salvadoreño que en Canadá trabaja en una entidad gubernamental necesitó más de 20 años de exilio para poder ser testigo del cambio por el cual él personalmente luchó, y el cual le costó el exilio: el triunfo y el ascenso de la izquierda salvadoreña al poder.

“Es un triunfo histórico. Todos los que estamos en el exterior hemos estado esperando este triunfo por más de 30 años, y toda la diáspora de El Salvador, todos los que hemos salido por los problemas políticos, sociales, económicos en El Salvador, siempre hemos deseado un cambio verdadero en la política de nuestro país para que el país progrese”, dijo Monroy, minutos después de que las noticias recibidas en Canadá dejaran ver que en El Salvador la izquierda ganaba las elecciones presidenciales el pasado domingo.

Poco más de un centenar de salvadoreños en Toronto vivieron una verdadera fiesta política ese domingo por la noche. Y con toda razón, ya que en su mayoría debieron salir hace varias décadas de su país de origen debido a persecución política por parte de sectores de derecha, y ahora por fin fueron testigos del gane de la presidencia de la república por un partido de izquierda. En El Salvador el ex guerrillero FMLN ganó la presidencia de la república con el 51.27 por ciento de los votos contra el 48.73 del derechista Arena.

Bastó ver el conteo de las primeras urnas de votación en El Salvador, mecanismo que era observado atentamente a través de transmisiones televisivas vía internet, para que varias decenas de salvadoreños comenzaran a celebrar en Toronto. Eran aproximadamente las 7:30 de la noche (5:30 pm en El Salvador), y cerca de un centenar de salvadoreños se mostraban impacientes por conocer los primeros resultados de una elección que quedaría marcada en letras grandes la historia del país centroamericano.

Las palabras mágicas fueron “175 para el FMLN, y 160 para Arena”, con las cuales el presidente de una de las primeras juntas electorales salvadoreñas que terminaron de contabilizar el resultado de una de las urnas de votación, marcaba una clara tendencia de triunfo para el candidato del izquierdista partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, Mauricio Funes, sobre su opositor Rodrigo Ávila, que participaba como candidato del gobernante partido de derecha Alianza Republicana Nacionalista.

El Salvador celebró elecciones presidenciales el pasado domingo, en las cuales por primera vez en la historia del país un partido de izquierda gana las votaciones y el resultado de las mismas es reconocido por la derecha salvadoreña. Ya en 1972 y en 1977 coaliciones de izquierda habrían logrado el triunfo electoral, pero el mismo les habría sido arrebatado mediante amañados procesos de conteo, situación que degeneró en una sangrienta guerra civil de doce años de duración que produjo alrededor de 75 mil muertes y más de un millón de desplazados y refugiados, muchos de los cuales viven en Canadá.

Por eso no fue raro observar que el color rojo, identificativo del partido FMLN, fue el color predomínate en la actividad de monitoreo y votación simbólica llevada a cabo el domingo en Toronto, la cual fue promovida por la Asociación Salvadoreño Canadiense (ASALCA).

Por eso tampoco fue extraño constatar que de 40 votos simbólicos emitidos en una única urna colocada en la Cooperativa La Paz, ubicada en la zona de las calles St. Clair y Runymede, 49 fueron marcados a favor del FMLN y sólo uno le fue entregado a Arena, en una acción que los participantes consideraron más una broma típica del humor salvadoreño que un verdadero voto por la derecha. Y esa interpretación fue razonable, dado que luego de que los asistentes vieron y escucharon que la mayoría de urnas escrutadas en El Salvador daban una significativa ventaja al candidato Funes, quien es un respetado periodista de pensamiento de izquierda moderada, dieron inicio a la fiesta.

Lo que había comenzado con caras serias y tensas a la espera de un eventual fraude en las elecciones salvadoreñas que le arrebataran una vez más el triunfo a la izquierda, se convertía hacia el final de la noche en una fiesta que hasta incluyó concurso de parejas de baile.

“El FMLN venció el miedo, esa campaña sucia que hizo el partido Arena. Hemos visto que no influyeron los millones de dólares que se desperdiciaron en la campaña del miedo, y vimos que el pueblo ha respondido con sabiduría, esta vez supo votar por un presidente que en realidad nos va a llevar a un futuro mejor. Esperamos que el pueblo, que todos juntos, sigamos luchando para apoyar este nuevo gobierno que mejorará las cosas. Esperamos que todos los que nos han acompañados en las buenas y en las malas sigan con nosotros y hagamos más grande el FMLN”, dijo Arnoldo Molina, uno de los tantos salvadoreños simpatizantes del partido de izquierda que asistieron al evento.

Al preguntarle de qué forma el triunfo de Funes beneficiaria a los salvadoreños radicados en Canadá, Molina no dudó en asegurar que el candidato de izquierda ha prometido que va garantizar el derecho al voto de los salvadoreños en el exterior.

“Nosotros siempre hemos venido luchando para que se obtenga el derecho al voto afuera. En todas las actividades que se hacen como sociedad civil hemos manifestado el interés que tenemos en participar, porque sabemos que los que estamos en el exterior de una u otra manera sostenemos la economía del país”, aseguró.

Lucy Cuadra, una salvadoreña que tiene ya más de 30 años de vivir en Canadá, dijo por su parte que estaba llena de alegría por el triunfo de la izquierda, dado que “precisamente por eso inmigre a Canadá el año 1970, porque la situación conflictiva estaba en ese momento en su apogeo y a mi me daba tristeza. Yo era maestra y vi cómo trataban a los maestros y a los obreros, así es que espero que al elegir a Funes la justicia llegue a El Salvador, que la justicia predomine y que podamos hacer de El Salvador un país mejor y un país con promesas para la juventud”.

Pero Cuadra, quien durante su peregrinar en Canadá siempre ha estado atenta al acontecer en su país de origen, en el cual ha ayudado a implementar diversos programas de ayuda para las personas de escasos recursos, dijo que Funes no estará solo en la empresa de sacar al país adelante.

“Yo creo que todos los salvadoreños en el exterior estamos dispuestos a ayudarle. Con nuestras pobrezas, pero podemos ayudarle a seguir un buen trabajo para que termine con esa violencia que hay en el país, que busque la forma de cómo educar a todos esos jóvenes que andan vagando, deambulando por las calles, que ayude a estas pobres familias que no tienen qué comer, que cree trabajo, y espero también que los industriales salvadoreños paguen sus impuestos que están en desuda, porque estuve leyendo que el Ministro de Economía del (actual) presidente (Antonio) Saca decía que la cantidad de industriales no han pagado sus impuestos desde hace muchos años es bastante, y todo ese dinero pueden pagarlo ahora y con ese dinero ayudar a crear más trabajo y mejorar la economía”, aseguró.

Monroy, quien vive también llegó a monitorear el proceso electoral salvadoreño en compañía de sus compatriotas, explicó que todos los salvadoreños que viven en Canadá tienen familiares en El Salvador, y que en ese sentido todos han estado preocupados por la situación de salud que viven, por su económica y por los índices de violencia que hay en El Salvador, “y este triunfo creo que es la verdadera esperanza que todos hemos querido, el verdadero cambio que todos esperamos”.

“Vine a Canadá en 1989, tengo ya más de 20 años de vivir en este país, y siempre he estado preocupado por la situación de nuestro país, por su desarrollo económico, por su situación de violencia, y ahorita lo que necesitamos es ese cambio que va a haber, este es el cambio que necesitamos porque nunca se había visto este entusiasmo que ha habido para que se desarrolle mejor nuestro país”, explicó.

Pero en ese contexto de algarabía, Monroy envió también un mensaje de la comunidad salvadoreño-canadiense al nuevo presidente electo: “Deseamos que realmente el nuevo gobierno cumpla también sus promesas, porque tanto los salvadoreños en el interior del país como en el exterior vamos a estar vigilantes de que se cumplan, porque no podemos permitir que El Salvador se vaya por la misma línea que siempre ha existido… tiene que ser por una línea verdadera de democracia, de cambio, de desarrollo económico para el país”.

Carlos Bernal coincidió en este punto con Monroy y aseguró que el triunfo de esa noche, más que un triunfo del FMLN fue un triunfo del pueblo que espera traiga realmente beneficios al país. En ese sentido dijo que esperaba que Mauricio Funes “tome responsabilidad con respecto a las necesidades de las comunidades en el exterior, que establezca un decreto que considere que nosotros somos una nación transnacional y por ende nuestros intereses son diversificados, y que nosotros debemos estar integrados a todos los proceso necesarios en nuestro país”.

De igual forma, planteó que “una de las cosas principales que Mauricio debe hacer es aclarar la cuestión de la ley sobre el menaje de bienes de los salvadoreños que regresan al país, y derogar esa ley que impone cuatro centavos el minutos extra para comunicarnos con nuestros familiares”.
“Otro espacio importante que debería dar, que ya lo dio durante el proceso electoral ya que hizo una alianza con sectores económicos fuertes en EEUU, es que tiene que hacer una alianza con sectores democráticos de la sociedad civil y también en el exterior con la diáspora”, aseguró, antes de indicar que “la otra ley que debe modificar es el código electoral, y tiene que definir que el ejercicio del voto de los salvadoreños es una imperiosa necesidad. Mientras eso no se de, esta elección simple y sencillamente refleja la voluntad de la comunidad salvadoreños en el país pero que no es completamente democrática del todo”, aseguró.

Bernal, quien durante varios años fue uno de los dirigentes de la organización Salvadoreños en el Mundo, explicó que el cambio de partido en el gobierno era una necesidad histórica para el país centroamericano, y que la gente se había expresado de manera democrática el domingo sobre la necesidad de dicho cambio, por lo que el triunfo del FMLN fue legítimo s válido y por tanto los opositores tendrían que respetar la voluntad de las personas por medio del voto.

Pero ahora, explicó, viene la etapa mas importante, que es gobernar, lo cual Funes y el FMLN solo podrán hacer a través de establecer alianzas con todos los sectores del país. “Van a tener que hacer alianzas y generar confianza con estos sectores que piensan que lo que ellos piensan es la verdad, y que están alejados de la verdad porque históricamente se ha demostrado a través del tiempo”, aseguró.

Pero es precisamente el nivel a que lleguen ese tipo de alianzas entre la izquierda con los sectores de derecha de El Salvador lo que ahora también preocupa a muchos de los salvadoreños que viven en Canadá, y quienes plantean que debe ser el nuevo gobierno deber ser definitivamente un gobierno de izquierda, moderado como lo plantea Funes, pero definitivamente de izquierda, que le de el poder a la gente que lo eligió, que es la gente que durante décadas ha sufrido pobrezas, dictaduras y exilio, como el de Monroy, Cuadra, Molina y Bernal, y como las decenas de salvadoreños que el domingo celebraron a más no poder el triunfo de la izquierda por primera vez en El Salvador.

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