REVISTA DEBATE EDICION IMPRESA: En la ciudad de los ciegos, el tuerto puede llegar a ser el alcalde

PASTOR VALLE GARAY / TORONTO
Aparentemente los votantes abandonarán la tradicional imagen de Toronto “La Buena”. Hartos del alcalde David Miller la población ha decidido apoyar a Rob Ford, un energúmeno político derechista cuyas credenciales incluyen mentiras a granel, vocabulario soez en encuentros deportivos (2001, 2008), investigación del Comité de Ética de la ciudad por solicitar donaciones en papel membretado del Concejo para proyectos personales (2010), condena por conducir en estado de ebriedad en Miami (1999), posesión de marihuana (1999, cargos anulados en Miami), acusación de la policía de Toronto por asalto y amenazas de muerte contra su esposa Renata (2008, cargos abandonados por contradicciones en la declaración de su esposa), expresiones denigrantes contra la comunidad asiática (2010) y un desprecio absoluto hacia los inmigrantes en Toronto, la ciudad más multicultural de Canadá (2010).

Faltando dos meses para ir a las urnas, la suerte está echada. Según la última encuesta presentada a finales del mes de agosto por la empresa Ipsos Reid, el controversial candidato Ford le lleva 11 puntos de ventaja a George Smitherman, su contrincante más cercano. Un 32% de los encuestados apoya a Ford mientras un 21% favorece a Smitherman a pesar del respaldo de la formidable maquinaria política del Partido Liberal. Quizás a consecuencia de ello.

Fascinante voltereta en las cifras. Fascinante también esta última revelación sobre nuestra astucia política. Preferimos a Ford sobre Smitherman aunque de ambos no se haga uno. En Junio dos diferentes encuestas indicaban que Ford y Smitherman estaban prácticamente empatados en la preferencia del votante.

A 60 días de las elecciones solo un milagro político le daría la ventaja a Smitherman y por lo visto los liberales no están en condiciones de producir ese milagro.Al igual que ocurre con el alcalde Miller, la preferencia por Ford refleja el descontento general en la Provincia con el vacilante gobierno del Premier Dalton McGuinty.

¿Cómo así? Smitherman, ex Vice Premier y caballo de Troya en el gobierno de McGuinty, es víctima de su propia actuación. Mientras se desempeñaba de Ministro de Salud (2003-2008), Smitherman se vio involucrado en el escándalo de la extensión de contratos sin licitación para el Registro Electrónico de la Salud (Electronic Health Records). La investigación del Auditor General Jim McCarter concluyó que la licitación le costó mil millones de dólares en pérdidas a la Provincia. (Al anunciar McCarter lo ocurrido David Kaplan, Ministro de Salud, renunció al puesto. Sin embargo es innegable que la mayoría de la trasgresión ocurrió durante el período en que Smitherman fue Ministro de Salud).

Ford por su parte es un estudio en el doble estándar: mentir y cambiar de parecer. Borrón y cuenta nueva. Hace una semana, cuando se destapó la noticia de que en 1999 Ford fue arrestado y declarado culpable en Miami por conducir en estado de ebriedad (además de encontrársele marihuana en su persona), Ford negó la acusación. Dos días después, al presentársele pruebas irrefutables del delito, admitió que había mentido. Igual ocurrió en 2008 en el Air Canada Centre (ACC) durante un partido profesional de hockey al quejarse unos fanáticos del lenguaje vulgar del concejal. Inicialmente Ford dijo que ni siquiera había asistido al juego. Días después admitió su mentira y se disculpó.

En estas circunstancias es difícil culpar a la población de cinismo político, de indiferencia en los comicios o de apatía. No se trata de ellos. Sencillamente el votante ha perdido la confianza en los candidatos. Ocurre lo inconcebible: una minoría decide llevar al gobierno a individuos mediocres de la talla de Ford o de Smitherman. Vivimos en tiempos raros. La furia del electorado contra el viciado establecimiento en el poder puede más que la lógica humana o el sentido común político. Uno de estos dos tipos dirigirá los destinos de la ciudad económicamente más poderosa y de mayores etnias en Canadá sin que ninguno califique para el puesto.

En el 2011 se repetirá la historia. Hasta el momento no hay candidato confiable para las elecciones del próximo Premier de Ontario. Continuamos al garete.

De lo que cabe la menor duda es que en un electorado de ciegos manda el tuerto. En Canadá los producimos en serie. Toronto no es la excepción. Aquí hay ciegos para rato. En cada partido político. En cada puesto disputado en los períodos electorales. A la hora de recapacitar, será demasiado tarde. Nos mereceremos el gobierno que elegimos.

*Senior Scholar, Universidad de York.

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