HONDURAS: Toque de queda, ansiedad, violencia y saqueos

JUAN RAMON DURAS / TEGUCIGALPA /
Miles de habitantes de esta capital se lanzaron ayer miércoles a supermercados y estaciones de gasolina para abastecerse de alimentos y combustible, tras la suspensión temporal del toque de queda decretado el lunes por el gobierno de facto que encabeza Roberto Micheletti en Honduras.
El ministro de Industria y Comercio, Benjamín Bográn, llamó a la calma en un mensaje por radio y televisión, ante millares de personas que hacían largas filas frente a gasolineras y tiendas de alimentos en esta capital que tiene un millón de habitantes.
“Hay un inventario para seis meses que cubre la demanda de granos básicos. Las compañías suministradoras de carne de pollo, res y verduras informan que hay suficientes existencias y por ello no deben angustiarse y acudir con calma y en orden”, dijo Bográn.

Tras la suspensión del toque de queda a la hora local 10:00 (16:00 GMT), se produjo una especie de estampida de ciudadanos que permanecían encerrados en sus casas desde el lunes por la tarde, ante la perspectiva de que la reclusión volverá a imponerse a la hora local 17:00 (23:00 GMT) cuando se restablezca la prohibición de circular. La medida fue adoptada el lunes, cuando se supo que el depuesto presidente Manuel Zelaya había retornado al país y se había refugiado en la embajada de Brasil.

También se observaron centenares de personas frente a oficinas bancarias para retirar dinero.

Francisco Martínez, un profesor jubilado de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la estatal Universidad Nacional Autónoma de Honduras, dijo a IPS que el toque de queda lo tomó de sorpresa. “Tenía pocos alimentos y estaba desesperado”, comentó al salir de un supermercado de una zona céntrica, con dos bolsas de alimentos.

Mientras se encaminaba a su automóvil, Martínez, de 67 años, quedó atrapado entre un centenar de policías armados de fusiles, bastones, bombas lacrimógenas y escudos, cobijados tras tanquetas cisternas que impedían el paso a unos 5.000 manifestantes del Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado (FNR) que marchaban hacia la embajada de Brasil.

Después de suplicar por más de media hora, los policías accedieron a dejar salir el automóvil de Martínez, mientras los manifestantes empujaban a los efectivos y gritaban la consigna “Queremos a ‘Mel’, queremos a ‘Mel'”, el sobrenombre familiar de Zelaya.
Decenas de fotógrafos, camarógrafos y periodistas tomaban imágenes y observaban el forcejeo. De pronto, desde una motocicleta, un militante del FNR con un pañuelo rojo en la cabeza gritó: “Vos, hijo de…, sos el conductor del carro de Romeo Vásquez”.

El mentado se puso pálido y un guardia de seguridad del supermercado lo dejó entrar y bajó la cortina de metal. “Gracias, amigo, me ha salvado la vida”, dijo el hombre, quien declinó dar su nombre, pero admitió que era el chofer de uno de los automóviles de la guardia personal del general Vásquez, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y uno de los principales protagonistas del golpe del Estado perpetrado el 28 de junio.

Dentro del supermercado, los clientes urgían a los empleados que los atendieran rápidamente, ya que temían quedar en medio de los disturbios.

“Ya estamos cansados de esta situación. Estos políticos, Zelaya y Micheletti, deben dialogar y resolver esta situación que nos tiene estresados a todos”, dijo la médica Lorena López, quien lamentó haber perdido su participación en un congreso profesional en Perú por el cierre de los aeropuertos decretado el lunes por la tarde.

Luego de más de dos horas y mientras el intenso sol causaba estragos entre los manifestantes y policías, los primeros optaron por retornar a sus casas y los que se quedaron fueron dispersados por la policía.

“Esta marcha que intenta llegar a la embajada de Brasil es la única movilización en Tegucigalpa”, dijo un agente policial con el rostro cubierto por una máscara antigás y el cuerpo protegido por un escudo de plástico.

El dirigente Rafael Alegría, portavoz del FNR, dijo a IPS que las medidas represivas solo estimulan la ira y solidaridad del pueblo hondureño que comenzó a volcarse a las calles para exigir el retorno de Zelaya a la Presidencia.

“Mire las protestas espontáneas que se dieron anoche en muchos barrios y colonias de Tegucigalpa, que bloquearon calles y avenidas con barricadas formadas con piedras, depósitos de basura y llantas que luego fueron incendiadas”, dijo Alegría.

En la noche del martes, tras el violento desalojo que practicaron fuerzas combinadas de la policía y el ejército a millares de manifestantes del FNR apostados frente a la embajada de Brasil, grupos de pobladores erigieron barricadas en las colonias Honduras, Víctor Ardón, Hato de Enmedio y El Pedregal, entre otras, pero fueron dispersadas por uniformados.

Un hombre murió en uno de esos choques entre policías y manifestantes. Decenas de heridos fueron reportados en el Hospital Escuela de Tegucigalpa.

También se cometieron saqueos de tiendas de cadenas de supermercados. Pobladores redujeron a los guardias privados de seguridad y rompieron puertas de metal y vidrio de los locales para extraer electrodomésticos y víveres.

El comisario Orlín Cerrato, portavoz de la policía, sostuvo que en ciertos momentos no se daba abasto para atender denuncias y llamados solicitando protección policial tanto de población contraria a las protestas callejeras como de propietarios de establecimientos comerciales.

“Esto es delincuencia común, y la población debe abstenerse de estos actos, porque serán castigada”, dijo Cerrato, quien informó que había más de un centenar de detenidos por esas acciones, que fueron liberados en horas de la madrugada.

Mientras, crece la polarización entre seguidores de Zelaya y los que apoyan al régimen.

Micheletti anunció el martes por la noche que estaba dispuesto a dialogar con Zelaya “pero solo dentro del marco de la Constitución”, lo que inmediatamente fue interpretado como una negativa rotunda a la restitución del mandatario en su cargo. “La salida a la crisis son las elecciones”, declaró el canciller Carlos López, en un mensaje transmitido por cadena de radio y televisión.

Zelaya fue derrocado en la madrugada del domingo 28 de junio, cuando militares encapuchados irrumpieron en su casa, lo capturaron y lo expulsaron del país en un avión rumbo a Costa Rica. Poco después, el parlamento y la Corte Suprema de Justicia avalaron las acciones del ejército, asegurando que habían sido apegadas a la Constitución, pues el mandatario se aprestaba a efectuar una consulta popular considerada ilegal.

Desde entonces, el régimen de facto sobrevive en un casi total aislamiento internacional.

El propósito de Zelaya era celebrar ese mismo domingo 28 una encuesta no vinculante que consultaría a la ciudadanía si deseaba habilitar o no un proceso constituyente que se iniciaría, de resultar ganador el sí, en las elecciones generales del 28 de noviembre.

En esos comicios, los ciudadanos serían convocados a elegir, además de las autoridades nacionales y locales, delegados a una asamblea constituyente. La Constitución hondureña está blindada y prohíbe abrir un nuevo proceso constituyente. Las sucesivas reformas que se le han practicado son resueltas y votadas en el parlamento.

Este miércoles, la prensa nacional destacó la posición del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas que se celebra en Nueva York, solicitó una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad para tratar la situación de Honduras.

Lula reclamó además que el gobierno de Micheletti respete la integridad de todas las personas alojadas en su embajada y de la propia sede diplomática.

El sacerdote católico Andrés Tamayo, que acompaña a Zelaya en la legación brasileña, exhortó a las autoridades a que dejen de lanzar gases y retiren un sonar que produce sonidos insoportables. Además, la policía y el ejército emplazaron allí un vehículo con un potente equipo de sonido que difunde sin interrupciones el Himno Nacional.

“Esto es una agresión, lo mismo que la ocupación por parte de militares y policías de las casas que están contiguas a la embajada”, dijo Tamayo a IPS.

La sede diplomática está sitiada desde el lunes por fuerzas militares y policiales en perímetro de unos cinco kilómetros. Sólo se permite el ingreso a personal del sistema de las Naciones Unidas y de la embajada de Estados Unidos para entregar suministros a unas 30 personas hondureñas y brasileñas, entre ellas Zelaya.

El mandatario depuesto reiteró hoy la necesidad de diálogo para resolver la crisis, mientras empieza a resquebrajarse el sólido respaldo que prestan al régimen los partidos políticos mayoritarios (el gobernante y centroderechista Liberal y el opositor y derechista Nacional), la empresa privada y algunas organizaciones civiles.

El primero en desmarcarse fue el candidato presidencial del Partido Nacional, Porfirio Lobo, quien exhortó el martes a Zelaya y Micheletti a dialogar. El mismo pedido fue formulado por una docena de diputados liberales que reconocieron este miércoles públicamente que hubo un golpe Estado en Honduras y el descontento de la población por el toque de queda.

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