Homenajean al pintor del realismo mágico Guillermo Martínez Canizales

OSCAR VIGIL / TORONTO /
“¡Dos alas!… ¿Quién tuviera dos alas para el vuelo? Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido. Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido, que si no fuera un mar, ¡Bien sería otro cielo!…”, resonó con fuerza en los salones de exposiciones de La Galería, de Glendon College. Eran los versos del poema “Ascensión”, del poeta salvadoreño Alfredo Espino, que en voz del cantor dominicano José Toribio anunciaban el inicio de un emotivo homenaje que diversas organizaciones hispanas y amigos realizaron a uno de los pintores más destacados en Toronto: Guillermo Martínez Canizales.
De nacionalidad salvadoreña, Martínez Canizales desarrolló su talento artístico en la prestigiosa Academia de Dibujo y Pintura Valero Lecha, de San Salvador, donde aprendió las técnicas del maestro español. Entró a la citada escuela a la edad de 14 años, estudio con el maestro hasta cumplir los 19, y su primera exposición la llevó a cabo en el mes de Octubre del año 1949. Desde entonces no ha soltado el pincel ni un solo momento.
Martínez Canizales es representante de la segunda generación de pintores salvadoreños que formó el maestro Valero Lecha, y su especialización se ha centrado en el Realismo Mágico, una corriente y técnica que ofrece una alternativa de escape en la vía de la imaginación para un público aburrido de las visualizaciones plásticas tradicionales, según él lo define.

Sesenta años después, de esa primera exposición, Martínez Canizales, convertido ya en maestro gracias a su dedicación y habilidad para las artes plásticas, exhibió una vez más sus pinturas, pero esta vez en Toronto y únicamente como excusa para que los seguidores de su obra lo homenajearan.

“La pintura es una poesía muda, y la poesía es una pintura hablada” dice con frecuencia el pintor del realismo mágico, pero la semana pasada, la pintura y la poesía se pusieron de acuerdo y hablaron juntas, justo para brindarle el emotivo homenaje al hombre que durante décadas ha utilizado el pincel para plasmar las cosas complejas en trazos simples y bellos.

Hubo música, poesía y pintura, y la combinación quedó perfecta: 60 minutos de homenaje para 60 años de vida artística. Eso fue lo que recibió el pintor Martínez Canizales, a quien diversas entidades de la comunidad hispana, así como amigos y seguidores de su obra, rindieron el tributo en reconocimiento al aporte que con su pincel ha brindado al arte latinoamericano en Canadá.

El acto de homenaje fue realizado en el marco de la celebración del Festival de la Palabra y de la Imagen 2009, “Más Allá de las Fronteras: Manifestaciones de Creatividad Hispano-Canadiense”, que año con año realiza la Celebración Cultural del Idioma Español.

El evento inició con interpretaciones de cantautores latinoamericanos a cargo de Fito Molina, y con la intervención poética de José Toribio, quien declamó versos del poeta salvadoreño Alfredo Espino, sobre cuya obra Martínez Canizales ha elaborado una serie de cuadros artísticos. Luego le correspondieron las palabras a la profesora Margarita Feliciano, quien enmarcó el homenaje al pintor en la celebración anual de la imagen y de la palabra hispana en Canadá.

Antonio Henríquez se hizo cargo de hacer la presentación oficial del homenaje al pintor: “Hablar del maestro Martínez Canizales es hablar de la Gran Patria, es hablar de Latinoamérica, es hablar de Centro América, es hablar de El Salvador y es hablar de Canadá”, aseguró.

A renglón seguido explicó que el homenaje había surgido como un esfuerzo de amigos y admiradores de la obra del pintor del realismo mágico, una iniciativa a la que luego se le fueron uniendo más y más personas y entidades.

Pero “la vida del maestro Martínez Canizales no solo es importante en el área artística sino que también en la parte humana, la cual se remonta a los años del conflicto armado en El Salvador, cuando nos acompañaba en todas las actividades a favor de las comunidades afectadas por la guerra”, explicó Henríquez.  Y agregó: “La iniciativa (el homenaje) fue producto de un grupo de amigos… pero como dice Mercedes Sosa en su canción, ‘Yo tengo tanto hermanos que nos lo puedo contar’; así de igual manera podemos decir ahora, que somos muchos los hermanos que le dedicamos este humilde homenaje a Guillermo, y que en esta noche el realismo mágico se hace presente, con mucho cariño, con mucho amor, para usted maestro”.

Martínez Canizales ha vivido como refugiado en Panamá, Estados Unidos, y Canadá, y sus pinturas han sido expuesta en diferentes galerías alrededor del mundo: en El Salvador, España, Estados Unidos de América, en las ciudades de Nueva York y Houston. En Canadá, incluyendo Toronto y Montreal, entre otras. Su obra también se encuentra en  colecciones privadas en Canadá, Chile, Colombia, El Salvador, España, Estados Unidos de América, Guatemala, Panamá y Perú.

El homenaje fue liderado por cuando menos una docena de amantes del arte que se denominaron “Los amigos de Guillermo”, a quienes se unieron la Asociación Salvadoreño Canadiense (ASALCA), el Congreso Hispano Canadiense (CHC), el Consulado General de El Salvador en Toronto y la Iglesia Presbiteriana de North Park, entre otras entidades, las cuales entregaron sus respectivas placas de reconocimiento al pintor.

“La obra de Guillermo también cuenta con cuadros en donde por medio del realismo mágico plasma poemas muy conocidos de escritores como el poeta salvadoreño Alfredo Espino. Es decir que además de ser pintor, Guillermo también es un poeta ya que hace poesía con sus obras”, dijo Carlos Bernal al momento de presentar la obra del artista.

Vilma Filici, Presidenta del CHC, cuando entregó la placa de reconocimiento a Canizales explicó por su parte que el homenajeado un día le contó que “un ataque de creatividad” lo había enviado al hospital. Efectivamente, hace un par de años Canizales debió ser intervenido quirúrgicamente del corazón, pero aparentemente eso es algo que no ha impedido que continúe con su prolífica obra pictórica.

“Este homenaje, además del agrado que me causa, lo acepto humildemente y con satisfacción, y viene a mi memoria el decidido apoyo material y espiritual de mi esposa María Leticia Martínez, como el de mis hijos que de alguna manera u otra se han adherido, al igual que nuestro hijo adoptivo Agustín Bethancourt”, dijo por su parte el artista cuando le cedieron el micrófono.

Y agregó: “A mi edad soy un artista plástico que está plantado en los atrios del bien, soy un hombre, un artista que siento nostalgia por un futuro mejor, un artista comprometido, un trabajador de la cultura que minuto a minuto aprendo más y más y moriré aprendiendo… un artista del Realismo Mágico, que desde tiempos anteriores ha venido visualizando de emoción en emoción con la imaginación y el alma hecha pintura”.

Muchos inviernos parece que debieron haber pasado para que los compatriotas, los amigos y los seguidores de Martínez Canizales en Canadá le rindieran el homenaje que merece, pero nunca es tarde cuando la dicha es grande, reza el adagio popular. Y sin lugar a dudas, la dicha fue inmensa el pasado 1 de Octubre en las Instalaciones de La Galería de Glendon College, donde seguramente el maestro habrá recorrido mentalmente toda su obra, y en particular los trabajos que ha realizado en memoria del poeta-niño Alfredo Espino, y con toda probabilidad los versos de éste le habrán sonado muy placenteramente: “¡Quién tuviera dos alas, dos alas para un vuelo!, Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido…”

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