En algún periódico canadiense se dijo "Agentes de la Policía Montada de Canadá han detenido en Quebec al presunto etarra Iván Apaolaza Sancho, que habría formado parte del comando Madrid de ETA, junto con Javier Abaunza, Gorka Palacios y Ana Belén Egüés -todos ellos ya detenidos-, que actuó en la capital tras el alto el fuego de ETA en 1999. El arrestado participó en el atentado con coche bomba que en enero de 2000 causó la muerte del teniente coronel del Ejército Pedro Antonio Blanco García."
Pedro Blanco era mi marido. Salió aquella mañana vestido con su ropa de calle (ya que es imposible que puedan potar su uniforme por la calle) y se despidió de nosotros. Cinco minutos después una bomba con 20 kilos explotó junto a él. Iván Apaolaza y Gorka palacios (detenido ahora en Francia) hicieron estallar la bomba una vez que se detuvo en la calle a encender su cigarrillo. Le despedazaron, apagaron su vida para siempre y segaron la tranquilidad de nuestra familia y el futuro de nuestros dos hijos.
Apaolaza, con documentación falsa, se refugió en Canadá, y gozó de libertad mientras nuestro gobierno negociaba con la banda terrorista ETA para finalizar el terrorismo en nuestro país. Nuestro gobierno olvida que un terrorista no es un negociador, es un asesino que quiere conseguir hablando, lo mismo que pretendía matando.
ETA mata en España desde hace 40 años. Policías, Jueces, periodistas, empresarios, políticos y Militares. Solo en el momento en que la banda terrorista ETA se cansó de hablar, rompieron las negociaciones y volvió a matar. Solo entonces el gobierno español mandó la orden de repatriación. Cuando la muerte entra en una casa de forma tan brutal, el mundo se convierte en redondo, paraliza el crecimiento de tus hijos, deja la vida de tus padres sin objetivos y te convierte para siempre en una persona marcada.
Canadá es un país desarrollado, al menos eso es lo que creemos nosotros en Europa, pero a veces frió y desconsiderado, y en muchas ocasiones ignorante. Ciertamente es muy grande; y con serias dificultades separatistas. El separatismo por razones de lengua o religión (a mí particularmente todos los canadienses me parecen semejantes. La lengua no parece haber modificado sus rasgos) el separatismo, como digo, lleva irremediablemente al nacionalismo, al sectarismo, a la exclusión identitaria, desembocando en el terrorismo y finalmente en el fascismo y el asesinato.
Para evitar que el asesino de mi marido regresara a España, grupos de canadienses se movilizaron en Quebec para que no fuera extraditado. Fingiendo que aquí se tortura, mintiendo respecto a que las libertades civiles no se respetan en España. Patric Bougeois, René Boulanger y Denis Barrette opinan que Apaolaza tiene que ser protegido en Canadá de la justicia española.
Razón no les falta. En España no hay justicia, pero para la víctima. Nuestros asesinos, no olviden que hay individuos que han asesinado a 25 personas, son tratados con exquisita profesionalidad, se les permite estudiar, recibir a sus madres para que les lleven comida, tienen permisos penitenciarios para disfrutar de las ventajas de la fecundación in vitro, para tener un hijo, aunque la beneficiaria cuente con 46 años. Cuando se declaran en huelga de hambre, el ministro del interior le manda al hospital de su ciudad para que su esposa pueda cuidarle y además lo pregona en la prensa, diciendo que es por razones humanitarias.
¿Y la víctima? ¿Acaso nuestros hijos carecen de derechos? Amnistía Internacional, una organización absolutamente politizada jamás se ha ocupado de una sola victima. Para ellos solo son importantes los que están en la cárcel, jamás se han encargado de los que están en el cementerio. Iván Apaolaza ha llegado ya a Madrid para ser juzgado por la muerte de un hombre bueno, al que no conocía, por un profesional brillante, un padre, hijo y hermano. No nos queda más remedio que seguir luchando para vivir. Gracias al juez de Canadá que comprendió que Apaolaza era un elemento indeseable y que debería ser juzgado en su país, donde se convirtió en un asesino.
Conchita Martín López Viuda del Teniente Coronel Blanco Asesinado por ETA el 21 de enero de 2000 Madrid España