FRANCISCO REYES: ¿Crecen nuestros niños en un ambiente de pornografía?

Toronto. En los últimos 10 años el negocio de la pornografía ha tenido una gran expansión económica y territorial.
De acuerdo con estudios realizados en torno a este fenómeno socio-económico, existen decenas de millones de “websites” que han contribuido a la “pornograficación” de nuestra cultura.
Frederick S. Lanes, autor del libro “ The Interpreneurs of the Pornography in the Cyber Era”, estima que la industria de la pornografía en América del Norte genera cerca de $2 mil millones de dólares al año.

Los organismos oficiales encargados de poner bajo control la producción pornográfica hacen grandes esfuerzos para que ésta no se escape de sus manos.

Existen, por ejemplo, instituciones canadienses dedicadas a asegurar que los niños de este país no vean en los cines películas de sexo explicito.

En todas las provincias de Canadá las licencias para cine exigen que haya “Juntas de Revisión de Películas” y asignan categorías de clasificación para mantener escenas violentas y pornográficas fuera del alcance de los menores de edad.

Las multas por violación a esas disposiciones son elevadas. En Ontario pueden llegar hasta los $250 mil dólares.

Hay, además, códigos de conducta para las transmisiones televisadas, estableciendo que los contenidos sexualmente explícitos no pueden ser difundidos antes de las 9 pm, tiempo en el que se supone los niños ya se han ido a la cama.

Después de esa hora, los productores de programas de TV tienen el deber de advertir si hay o no escenas de sexo explicito.

Sin embargo, ¿se rige la Internet por esos mismos patrones?

De acuerdo con los investigadores de este tema espinoso, los niños de Canadá tienen acceso casi ilimitado al mundo pornográfico que se filtra por medio de las computadoras en los hogares.

En ese sentido, de nada sirven las regulaciones, debido a que los menores, a puerta cerrada, tienen acceso a la pornografía por vía de la Internet.

Más aún, cientos de miles de niños de Canadá se las arreglan –a espaldas de padres y tutores- para conseguir revistas pornográficas que hojean y ojean en compañía de amigos y compañeros de estudios.

En la actualidad, la pornografía se ha expandido a un nivel tan alarmante que no hay rincones del mundo exentos de sus terribles influencias.

¿Están nuestros hijos a salvo de los tentáculos de la pornografía? ¿Podremos los padres y madres de familias confiar en que nuestros hijos son tan inocentes como a veces erróneamente pensamos?

¿Está la pornografía afectando los comportamientos sexuales y psicológicos de nuestros hijos? ¿Están nuestros hijos despertando demasiado temprano al mundo de la sexualidad, como consecuencia de la explosión pornográfica que afecta al mundo actual?

¿Qué mecanismos debemos emplear para estar seguros de que nuestros hijos no estén trashumando por los caminos de la pornografía?

¿Qué papel están desempeñando las instituciones educativas para orientar a los estudiantes menores de edad a fin de que no incursionen a destiempo en un mundo que, como la pornografía, los puede llevar a la degeneración sexual e incluso a la práctica de la prostitución clandestina?

Seria de mucho provechoso para los lectores conocer las opiniones tanto de expertos como de ciudadanos comunes de nuestro mundo hispano en Canadá.

Queda abierto el debate para que cada lector vierta sus opiniones en esta revista digital.

reyesobrador@hotmail.com

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