CHIQUI RAMIREZ: Federico García Lorca vuelve a Toronto

Toronto. Durante la Guerra Civil española (julio de 1936 a abril de 1939) Federico García Lorca declaró al diario madrileño El Sol que, “en Granada se agita(ba) la peor burguesía de España”. El 18 de agosto de 1936 el dramaturgo fue asesinado en el camino que va de Viznar a Alcafar, y su cuerpo permanece enterrado en una fosa común anónima en algún lugar de esos parajes con los cadáveres de dos banderilleros y un maestro nacional, ejecutados con él.
La muerte que cortara la vida de quizás, el dramaturgo más importante y popular de la literatura del idioma español del siglo XX, no impide que generación tras generación de directores y grupos teatrales se esfuercen por llevar a escena las obras de Federico García Lorca
La historia real de la tragedia, que según parece, conmovió a la sociedad española, ocurrida el 22 de julio 1928 en el cortijo del Fraile, Nijar de Almería, inspiró a la escritora Carmen Burgos originaria de Nijar, a escribir “Puñal de claveles”.

Pero es a García Lorca con “Bodas de sangre”, que retoma dicha historia, a quien le corresponde el mérito de seguir conmoviendo e inspirando a artistas amateurs y a directores, cómo Iván Lemus del grupo Crisálida, a que nos ofrezcan la tragedia en tres actos y siete cuadros, escrita en verso en 1931. La profundidad del autor nos transporta a la España campestre, de un pueblo alegre que canta y baila, quizás para espantar sus propios fantasmas, sus bajas pasiones, el odio y la venganza, la ambición, la hipocresía, la muerte.

Bodas de Sangre es un teatro poético, en el sentido de que gira en torno a símbolos medulares: la sangre, el cuchillo o la rosa. Símbolos que junto a la luna, marcan la idiosincrasia mora de la sociedad española, con la fuerza de la pasión prohibida, del amor frustrado, del engaño, de los convencionalismos y prejuicios campestres, que se convierten en una tentación para los amantes del teatro, ya sea en la interpretación o la contemplación de dicha obra.

Pero no es fácil meterse en un personaje, cuando el contexto social en que fue escrita la obra, está tan lejano e incomprensible después de casi 80 años de ocurrido el hecho, especialmente para una sociedad como la canadiense. Pero aún así, el Grupo Crisalida, superando muchas debilidades de interpretación y actuación, no así de organización del espectáculo, nos dan la oportunidad de disfrutar de una obra de teatro en Toronto en idioma español.

El sábado 30 de mayo tuve la oportunidad de ver Bodas de sangre, presentada en Palmerston Theatre, en el 560 de Palmerston Ave. Desafortunadamente el local no es el más indicado, ya que para empezar, el escenario queda en bajo, mientras según conozco, la tarima donde se baila flamenco normalmente se encuentra en alto, para poder apreciar en todo su esplendor el juego de piernas de los danzantes. Pero aun así, lograron crear el ambiente festivo de una boda de la campiña peninsular, con la música de guitarra, la danza.

Es indudable que la dirección de Iván Lemus va encaminada a ser cada día más profesional, más exigente, más cuidadosa de los detalles, de la interpretación de los personajes. Así tiene que ser en teatro.

Y aunque todavía hay muchas cosas que ajustar en la actuación, como el tono chillón de Jeannette Burgos-Rigó ( la mamá), que quizás por la falta de micrófono, o de acústica, en la necesidad de hacerse escuchar, sacrifica lo profundo del drama.

Andrea Valencia nos conmueve en la última escena, colocándonos en los zapatos de la novia que arrastrada por la pasión, no previó las consecuencias de su liviandad. Los efectos especiales en donde la muerte acecha a los amantes adúlteros, al esposo traicionado, con la luna cómplice de la venganza, está muy bien logrado.

Atinado para hacer comparación, entre la vida adulta llena de complicaciones y la frescura de la niñez, es la actuación de Laura Bobadilla, quien sin duda está siendo amamantada y formada en las delicias de la actuación y la recompensa del aplauso.

Es importante señalar que Isela Martínez (la criada), da lo mejor de ella, así como el resto del elenco que con algunos titubeos, se empeñan en actuar para obtener la aprobación del público. Y LO ESTAN OBTENIENDO!!

Felicitaciones a todo el elenco de Crisálida y a su director Iván Lemus!!

Los desajustes cómo el atraso (comenzó a las 7:40 p.m.), la desorganización, sin las tres llamadas reglamentarias, propias de la presentación teatral, y al parecer sobreventa de boletos, más (da pena reconocerlo) el aplauso inapropiado por parte del público, que le quitó la secuencia al dramatismo de la obra, son detalles que pueden ser superados más adelante.

Que están abriendo camino, es innegable, con un público al que hay que educar en los recovecos del teatro, ofreciéndole la oportunidad de vivir lo que sigue vigente, a pesar de la modernidad frígida, el teatro sigue y seguirá siendo el teatro.

Espero que el señalamiento, sea tomado como crítica positiva, y sirva para que los problemas en dichas presentaciones, sean limadas, superadas a fin de poder ofrecer un espectáculo de mejor calidad, no solo en la actuación, sino en los complementos del teatro que ustedes los del Grupo Crisalida tratan de revivir en Toronto.

Y si usted que me lee, sino ha ido a ver BODAS DE SANGRE, hágalo, o se va a arrepentir.

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