Candidatos hispanos comienzan a combatir la apatía política en la comunidad

NESTOR HERNANDEZ-MARROQUIN / TORONTO
Recientemente se unió a la lista de candidatos hispanos en Toronto la consultora  argentina de inmigración Vilma Filici, quien busca una curul en el hemiciclo municipal de la ciudad más cosmopolita del mundo y la que es considerada la capital económica e industrial de este país, en las elecciones municipales programadas para el 25 de octubre próximo.

La candidatura de una de las figuras emblemáticas de la comunidad hispana en esta ciudad, por su rol de mujer de negocios y de líder comunitaria, le da un nuevo tinte a la participación de los hispanos en la contienda electoral.

 

Hasta las elecciones municipales anteriores la mayor parte de candidaturas hispanas estaban revestidas de indiferencia y hasta cierto punto los nombres de hispanos en las listas electorales eran más que intentos de figurar en el panorama político de una ciudad tan importante como la nuestra.

Salvo la del ecuatoriano César Palacio, que ha ganado dos elecciones consecutivas como Concejal por el Distrito electoral 17, y la de la chilena Alejandra Bravo, que le peleó voto a voto la silla a Palacio en el 2006, las otras candidaturas eran batallas quijotescas plagadas de falencias que hacían impensable una mínima posibilidad de figurar con una centena de votos.

Falta de recursos económicos, la poca experiencia política y un mínimo, casi nulo, carisma son algunos de los factores en contra de quienes con anterioridad intentaron buscar un cargo político en el llamado ‘City Hall’  torontiano.

Ahora las condiciones son diferentes. Aunque si bien es cierto que los candidatos actuales no dependen del voto hispano, por ser una comunidad dispersa geográficamente y  con intereses particulares, lo importante es lo que su nombre pueda representar en el distrito en el cual compiten. Lo importante es ganarse la confianza de las otras comunidades representadas en dichos distritos, y eso ya es ganancia.

Lo destacable de las candidaturas hispanas que se conocen hasta el momento -Jaime Castillo, Víctor Lucero, Vilma Filici y César Palacio- es que, a diferencia de las anteriores, son personas que saben la responsabilidad de una candidatura de esa naturaleza y sobre todo que pueden aguantar una desgastante campaña política.

Aunque es impensable por el momento ver a un alcalde de origen hispano, por lo menos  podemos decir que se están abriendo las puertas de oportunidades para participar en el quehacer político ya sea en un cargo de elección popular o con un voto que pese a la hora de medir fuerzas políticas. Es hora de terminar con la apatía política entre la comunidad.

Una cosa es presentarse como candidato y pagar los $100.00 por el formulario solamente por figurar, y la otra es echarse sobre los hombros la responsabilidad de representar a una comunidad dispersa y apática.

Buena decisión de quienes han aceptado del reto, pues es hora de demostrar que los hispanos ya somos un grupo maduro, capaz de participar en la toma de decisiones de una ciudad tan avanzada como Toronto.

 

 

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