Asesinan a solicitante de refugio deportada a México. Madre y hermana logran regresar a Canadá

OSCAR VIGIL / TORONTO /
“Yo estoy feliz y estoy triste de estar de regreso. Estoy triste porque mi hija tuvo que ser asesinada para que Canadá creyera nuestra historia. El precio es demasiado alto”.
Con estas palabras, María, de origen mexicano y a quien se le ha cambiado el nombre para proteger su identidad, resumió la tragedia que ha embargado su vida y la de sus seres queridos durante los últimos años, tragedia que tiene la esperanza que por fin termine luego de haber arribado, una vez más, al aeropuerto Pearson de Toronto.
María y sus hijas Elena y Patricia fueron solicitantes de refugio en Canadá, su caso fue rechazado, y ante el temor de perder sus vidas en su país de origen, se quedaron a vivir de forma indocumentada en Canadá. Tiempo después fueron deportadas y, una vez en México, sus temores se hicieron realidad y Patricia fue asesinada. Tras permanecer escondidas, y luego de intensas negociaciones entre organizaciones de derechos humanos y el gobierno federal, a las dos mujeres sobrevivientes les fue permitido regresar a Canadá el pasado 9 de Octubre.

María y Elena llegaron al aeropuerto Pearson de Toronto justo dos días antes del “Thanksgiving Day”, pero aunque tenían muchas razones para dar gracias, su alegría no fue completa: un par de meses antes, Rebeca fue asesinada luego de haber sido deportada hacia México por las autoridades migratorias canadienses.

Todo comenzó el año 2004. El ex esposo de María, padre de Elena y Rebeca, se había involucrado con un cartel de drogas de origen colombiano que tiene contactos en México, y por alguna razón perdió un paquete importante de drogas y lo asesinaron. Aparentemente las autoridades de la ciudad donde residían, en el Estado de Jalisco, estuvieron involucradas en los hechos.

Como consecuencia, María y sus hijas comenzaron a ser perseguidas por miembros de dicho cartel, y decidieron esconderse en diversos lugares y luego optaron por abandonar México y buscar refugio en Canadá.

Ante la falta de recursos económicos, en principio solo viajó María y Elena, y luego, cuando lograron reunir más dinero, compraron el boleto de Rebeca y se reencontraron en Toronto.

Presentaron su caso de refugio y el juez a cargo en el Consejo de Inmigración y Refugio (IRB, por sus siglas en inglés) no les creyó su historia y las rechazó como refugiados. Pidieron una revisión judicial del caso ante la Corte Federal y también se las rechazaron.

Como última alternativa presentaron su PRRA (Pre Removal Risk Assessment), en el cual también les dieron una respuesta negativa, y ante el temor de perder sus vidas si regresaban a México decidieron quedarse de forma indocumentada en el país.

En el 2008, la mamá de María, quien residía en México, se enfermó de gravedad y decidieron que Rebeca viajaría para cuidarla, con tan mala suerte que a los pocos días de estar con ella, la abuela falleció.

De inmediato, Rebeca comenzó a hacer preparativos para regresar a Canadá, pero aparentemente fue detectada por el cartel de narcotraficantes del que andaba huyendo, la raptaron, la violaron, y quedó embarazada. Por razones religiosas, culturales y morales decidió que iba a tener el bebé, pero empezó a acelerar su regreso a Canadá.

Llegó al país en noviembre, pero las autoridades la rechazaron por razones técnicas, tales como que cuando abandonó el país lo hizo sin informar a inmigración, y que no había estado seis meses fuera de Canadá y que por lo tanto no podía solicitar refugio de nuevo.  Embarazada, fue encerrada en el Centro de Detenciones y luego deportada en diciembre.

Simultáneamente, María y Elena fueron detectadas por las autoridades, también fueron detenidas pero las dejaron en libertad bajo fianza hasta la fecha de su deportación, lo cual sucedió en febrero de este año.
En medio de todos los sinsabores de sus vidas, la reunificación familiar fue algo bueno que les sucedió, sin embargo, esta alegría no les duraría por mucho tiempo. En el mes de abril, cuando María, Elena, Rebeca y un amigo, Ernesto, quien para entonces les estaba dando albergue y cuidando en una finca de su propiedad regresaban de una visita al médico, fueron detenidas aparentemente por miembros del cartel de narcotraficantes que las andaban buscando, y Rebeca fue secuestrada.

El caso fue reportado a la entidad encargada de recibir este tipo de hechos y la familia comenzó la búsqueda de la hija desaparecida, hasta que un par de meses después, en junio, ésta apareció asesinada con un balazo en la cabeza al estilo de los ajustes de cuentas que ejecutan las bandas de narcotraficantes en México. Tenía señales de haber sido golpeada, y su cadáver presentaba una cesárea hecha aproximadamente 30 días antes del asesinato.

María y Elena continuaron viviendo de forma clandestina en su propio país, pero un día, cuando salían de una misa en honor a Rebeca, aparentemente los mismos narcotraficantes las trataron de secuestrar.  Ernesto las defendió pero fue asesinado y las dos mujeres resultaron heridas. Escaparon de la ciudad y se refugiaron en un convento en el Distrito Federal.

Desde ese lugar contactaron en Canadá al FCJ Refugee Centre, entidad que las había apoyado en su proceso previo de refugio, y se conformó un grupo de trabajo con el Consejo Canadiense para los Refugiados (CCR, por sus siglas en ingles) y con un grupo de abogados. Recogieron la información necesaria, y el 2 de Octubre pasado presentaron una solicitud de residencia temporal al gobierno canadiense a fin de que María y Elena pudieran obtener protección en Canadá.

La solicitud fue presentada ante la Embajada de Canadá en México, tal y como manda la ley, pero también fue enviada de forma simultánea al Managment Team del Ministerio de Inmigración y Ciudadanía en Ottawa, el cual les contestó de forma positiva cuatro días después. Así, el 8 de Octubre en la tarde las dos mujeres fueron entrevistadas por oficiales de inmigración en la Embajada de México, el 9 en la mañana recibieron las visas para poder viajar, y, tras pagar 3,400 dólares por concepto de impuestos de procesamiento y por reembolso por los gastos hechos por el gobierno en sus deportaciones, María y Elena arribaron al aeropuerto Pearson de Toronto ese mismo viernes en horas de la noche.

En las pocas declaraciones que ha dado a la prensa, y en las cuales pidió que ni su nombre real ni el de sus hijas fueran revelados dado el temor que aun tiene de sus perseguidores, María aseguró que “cambié de residencia 10 veces para evitar a nuestros atacantes, pero siempre nos encontraron”, antes de insistir en que “Canadá tiene que reconocer que México es una zona de guerra dirigida por los carteles de la droga. El gobierno no puede proteger a sus propios ciudadanos”.

Entre sollozos igual que su madre, Elena dijo por su parte que extrañaba mucho a su hermana Rebeca, quien fue asesinada con apenas 24 años de edad, seis más que ella, que precisamente celebró su cumpleaños número 18 a escasa una semana de haber llegado a Toronto.

Cuando fue deportada hacia México “yo estaba muy asustada. Sabía que algo malo nos pasaría a las tres”, explicó, y ya de regreso en Toronto, sus temores pareciera que no terminan de disiparse.

Francisco Rico-Martínez, Director del FCJ Refugee Centre, y quien estuvo al frente de todo el proceso que culminó con el retorno de María y Helena, aseguró que este caso está comprobando que los procesos de refugio en Canadá son casos de vida o muerte, y que es importante que los oficiales del IRB, los jueces de la Corte Federal, y los oficiales del PRRA, se den cuenta que las decisiones que ellos toman pueden conducir a la muerte de personas.

“Demuestra que el sistema de refugio no tiene un mecanismo de apelación real, unos ‘extra-ojos’ que puedan analizar errores que se cometen en cualquier proceso”, así como también que “el sistema, cuando se detecta un caso como éste, no tiene el instrumento para reaccionar rápidamente y traer (a la persona)”, explicó, al desmenuzar todas las dificultades que enfrentaron para poder poner a salvo a las dos sobrevivientes mexicanas.

De igual forma planteó que a la luz del caso queda claro que las autoridades de migración deberían tener un ombudsman, es decir una especia de ente fiscalizador independiente, “porque se dan un monto de acciones migratorias en el aeropuerto, en los centros de detención, que no están siendo vistas por ningún organismo jurisdiccional, y las cuales implican vida o muerte, abusos de poder, etc., que deberían ser analizadas por un ombudsman que sea público, donde las personas puedan presentar quejas para que esas personas sean responsables ante la ley por las acciones que hacen”.

Rico explicó que el caso de estas mujeres mexicanas fue presentado ante la Comisión de Inmigración y Ciudadanía en Ottawa la semana pasada, y que con ello se logró que se emitiera un veredicto inmediato sobre la ley privada que se está proponiendo para que se implemente el proceso de apelación en los casos de refugio, un proceso que aun deberá continuar en el Parlamento Federal.

“Pero ese es sólo el primer paso, ya es un caso que va a regresar y que va a tener un impacto en posibles discusiones posteriores de las leyes migratorias”, aseguró.

Mientras tanto, María y Elena están en Canadá mediante un Permiso de Residencia Temporal que tiene una duración de un año, durante el cual deberán presentar una solicitud de residencia permanente por razones de humanidad y compasión. Sin lugar a dudas están iniciando una nueva vida, tristes por la pérdida de Rebeca pero dando gracias a Dios por haberles salvado sus vidas, y, todo indica, hoy por hoy tratando de pasar desapercibidas lo más posible en Toronto, por las dudas…

*Con información publicada en Diario El Popular

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